Lucho Lizcano II
domingo, 15 de abril de 2012
COMOSER UN PROFESOR Y NO MORIR EN EL INTENTO
Hace algún tiempo me ofrecieron un puesto de profesor, a lo cual yo respondí sin vacilación que sí. La verdad pensaba muchas cosas, por ejemplo, que sí era capaz de ser un buen profesor, cosa que aun me atormenta. Otra de las preguntas que invaden mi mente es sí las cosas que sé realmente son así. Sobre todo este punto es fundamental para ser un profesor puesto que luego de que lo he empezado a confiar en las cosas que sé, he empezado a sentirme más cómodo, más seguro de lo que sé y sobre todo que luego de estos cinco años de “teoría” puedo desenvolverme como profesor sin llegar a caer en los que algunos colegas llaman “la montada de los estudiantes” cosa que también me producía un poco de miedo.
Han pasado ya casi dos meses desde que empecé a tratar de ser un profesor. La verdad, he sido afortunado, creo, porque mis estudiantes han sido “suaves” aunque algunos me han enseñado el límite de mi paciencia. Por ejemplo una vez una niña intento burlarse de mi inteligencia; le pregunté su nombre y como sabía que le iba a restar un punto de su nota me dio su segundo nombre y su segundo apellido, de tal suerte que no pupe encontrarla con esos nombres ni apellidos. Sin embargo al percatarme del hecho, simplemente anoté su nombre y continúe mi clase. Hecho que la sorprendió porque creo que se me había olvidado. Luego con más calma, le hice una anotación en su agenda citando a su mamá. Un día después tenía a su mamá enfrente, y muy cordialmente me pidió disculpas por la actitud de su hija y comprendí que a veces uno como profesor por el hecho de tener “el poder “se deja llevar por qué se siente vulnerado pero que en realidad uno tiene una responsabilidad mas grande, educar para bien.
Este hecho ya había sido enseñado por algún profesor mío en semestres pasados. El con un ejemplo muy sencillo me había enseñado que a veces la rabia o el sentirse vulnerado puede traspasar sus barreras y convertirse en un método de enseñar algo a un estudiante. Esto fue lo primero que se me vino a la cabeza y aproveche esto para enseñarle a mi estudiante que todas las personas somos muy inteligentes y que a pesar de querer ser más astutos. El resto del mundo puede ser más inteligente que uno.
Al final, he aprendido que la labor del profesor es dura por muy suaves que sean los estudiantes. Que sin importar qué; los estudiantes aprenden del maestro y que esas experiencias forman tanto al profesor como al estudiante.
Muchas veces creemos que el hecho de saber la teoría, y de tener mejores notas nos permite ser mejores que otros compañeros. Que algunos por tener buenas notas se burlan de otros porque no tienen esa oportunidad. Pero cuando uno comienza trabajar como profesor, no son las notas, no son las teorías, claro está, ayudan, pero estas no hacen las clases, no enseñan a manejar un grupo de cuarenta y siete personas. Es más bien la práctica, la pericia de manejar un grupo grande, y de poderle enseñarles algo que está establecido por el colegio.
El hecho de haber,
jueves, 16 de febrero de 2012
LA CRÓNICA DEL TRABAJADOR
Desde hace seis años, soy mesero de un prestigioso restaurante dela ciudad. Hay muchos factores que me han forzado a trabajar uno de ellos y creo el mas importante fue el deseo de libertad. Deseo que hoy día, ya ha menguado.
Mucha gente trabaja por que quiere trabajar, ocuparse en algo, gastar su plata en sí mismos y hasta pensar en retribuir a sus padres, pero en mi caso no es esto lo que me movía a trabajar en ese entonces. Mi deseo iba mas allá que el simple hecho de tener plata o de comprarme cosas o de sacar a mis papas a almorzar los domingos, no, lo que yo quería era independencia, saber de qué era capaz, así que desde muy pequeño quise ser independiente. Desde pequeño mi papá tenía un poder sobre todas las cosas que pasaban en la casa desde lo más mínimo hasta el acontecimiento más profundo en nuestras vidas. Mi mamá hacía todo lo que él decía, para mi era un poder especial que yo siempre quise tener, así que luego cuando crecí quise optar ese poder cuando vivía en la casa de mi abuela, pero no fue posible, ella decía que el que “daba la papa” era él y que por esa razón mi papá tenía de alguna forma el poder sobre nosotros.
Muchos años después, empecé a entender que el poder que mi papa tenía no era sino el fruto de su trabajo, así que entendí que si trabajaba y si aportaba a la casa podría opinar, y estar de alguna forma conectado con toda mi familia, pero cuando comencé a hacerlo todavía seguía siendo el hijo, en reconocimiento de eso mi abuelita nunca me preguntaba por ejemplo, que quería para el almuerzo o que si quería un tintico o que si esto o aquello. A mi solo me dejaban dormir hasta tarde por que trasnochaba casi todos los días debido a mi trabajo y algunas veces a la universidad. Así que en ese momento quise respeto y dependencia.
Luego de pensarlo mucho decidí que lo mejor para poder tener ese deseo en mis manos era irme de la casa y poder ser independiente allá con mis cosas. Lo hice, comencé a vivir en un apto de estudiantes y todo marchaba perfectamente, en mi casa pensaban que estaba por un buen camino y que todo iría mejor. Durante mucho tiempo todo estaba perfecto y sentía que ahora sí tenía lo que había deseado. Pero tres años después ya no me alcanzaba para nada el sueldo; ni para la comida ni para el vestido ni para nada, así que me tocó volver a mi casa con el rabo entre las piernas y aburrido por que el deseo que tenía se había realizado en parte . Así que luego de haber pretendido el poder de manejar mi vida decidí que mi papa debía seguir ya que él lo hacia mucho mejor que yo.
Ahora sigo trabajando, pero esta vez ya es por algo mucho más concreto, empezar a ahorrar para irme a estudiar a otro país y sostenerme porque luego de que regrese las cosas no son como antes ahora no puedo pedir para nada ni para un caramelo porque ya me hacen caras y siento que estorbo ¡ quien sabe que hubiera pasado si nunca me hubiera ido ¡
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















