jueves, 16 de febrero de 2012

primera crónica. una ida y una vuelta

Nuevamente  hay que despertar. ¡Ring!  Suena la  alarma de mi reloj,  anunciando que  nuevamente  hay que despertar. Todo en mí quiere permanecer entre los abismos de mi sueño. Las cobijas, las almohadas con su suavidad y su  calor  me doblegan, afuera hace frio,  el mundo  todavía no despierta, me repito una y otra vez.
La  suavidad y calidez de mis cobijas sostienen y  amarran mi sueño como una maraña de hilos invisibles  seducen mi subconsciente con  cantos de sirenas aladas llevadas al mundo infinito.
 Amanece. Los pajaritos de mi mamá cantan  con sonidos terribles para mi todavía enclenque sueño. Pienso que irremediablemente tendré que  despertar.

Luego de pasearme como sonámbulo desde mi cama al baño, las cobijas han perdido su calidez y me saludan con un frío  atroz que me obliga a despertarme definitivamente. Tin-tán, tin-tán suena el  reloj de péndulo que está en la sala, son las siete y media ¡ a correr por que ya  voy tarde¡ y para variar siempre llego tarde a clase. Una y otra vez reniego “porqué siempre tengo que hacer tanta roña a la hora de  despertarme”, siempre digo cinco minuticos más, ya me despierto ¿por qué por qué por qué?  Y en vez de  salir de una para el baño me quedo haciendo roña ¡no sé que voy a hacer conmigo ¡

Listo, son las siete y cuarenta y cinco, ya estoy bañado “ oliendo a rico “ como dice mi  mamá, echándome el último pedazo de pan  a la boca me despido con un chaooo que por efecto del eco llega directo a la portería. ¡pannn! Suena la puerta. Salgo corriendo a  coger el Metrolínea, bajo  corriendo y renegando por que una vez más voy tarde y eso que   tenía para esta año el compromiso de empezar a llegar temprano a  todos lados ¡que va cada ve soy peor!

Mirando el reloj, pienso que no lo  voy a hacer otra vez que ya es hora de que coja vergüenza. Son las ocho y doce minutos. Llegué a la calle once con veintisiete y salgo corriendo  como loco adelantando a todo el mundo que como yo quizás también se quedaron  haciendo roña. Sigo corriendo hasta que me tranquilizo por que veo a una compañera que como  yo  viene tarde, entonces me siento menos mal, ¡no soy el único! Por la mirada que nos dimos creo que los dos pensamos que gracias a dios no fuimos los únicos  ¡con una sonrisa interna seguimos caminando…. !

Llegamos al  salón veinte minutos luego  de la hora establecida y comenzamos la primera hora de nuestros calendarios diarios.


1 comentario:

  1. 1. La historia está un poco incipiente hay que trabajarla para lograr éxito en la producción.
    2. La estructura presentada en el texto anterior no corresponde a la de una crónica, es la de una narración.
    3. El texto presenta algunos errores en aspectos formales de la lengua: tildes, redacción, algunos signos de puntuación.

    ResponderEliminar